Una frase muy típica del mercado es: “El mercado puede permanecer irracional más tiempo del que usted puede permanecer solvente”. La frase pertenece a John Maynard Keynes (economista inglés de gran influencia en la economía global del siglo pasado) y puede aplicarse a este momento, en el que si bien la palabra irracional suena un tanto extrema, sí al menos podemos tildar al mercado de histérico.

Por Arq. Jonny Gallardo

Los especuladores podrían no resultar perjudiciales si fueran como burbujas dentro de una corriente empresarial estable.

John Maynard Keynes

Varios fabricantes para los cuales trabajo me han manifestado la necesidad de transformarse para poder mantenerse, esa transformación va en una sola dirección: adaptarse a un mercado demasiado extraño. Un mercado que aún se defiende, con los últimos coletazos, valorando la producción local y el desarrollo territorial, frente a los embates cada vez más fuertes de las importaciones, y con la amenaza latente de que seguirán creciendo, de mantenerse el presente modelo económico y político propuesto por el actual gobierno.
Los diseñadores están frente a otro desafío, cómo colaborar en esta transformación, cómo ayudar a las empresas en esta cruzada para mantener el nivel de mano de obra ocupada, seguir utilizando la capacidad operativa instalada y no tirar por tierra años de inversión y desarrollo.

La frase que más escucho de mis clientes es: “la gente busca precio” y en esa búsqueda de precios, la madera maciza, las molduras, el lijado, las incontables manos de lustre, ya no entran en el radar, tampoco en la angosta columna de los costos.
La idea es disminuir precio, acelerar procesos, reducir gastos de transporte, embalaje y logística, en este sentido, el mueble de placa (la placa, en todas sus versiones) es sin dudas un buen aliado, más aún si la tecnología instalada permite hacer ese mueble RTA, a los fines de contribuir en las reducciones arriba mencionadas.

Reconstitución

Es así, como cada día más industrias del mueble, que tradicionalmente trabajaban en madera sólida, están mutando a la placa reconstituida, ya sea MDF o aglomerados, melamínicos o enchapados. La estabilidad dimensional, el tiempo de producción y la tecnología desarrollada en los últimos años, hacen ver a este material como un excelente aliado para estos tiempos turbulentos.
Quienes leyeron muy bien estas variables, fueron las empresas productoras de placas, aunque con distintas estrategias de mercados, ofrecen constantemente nuevos diseños, desde los colores, los dibujos y las texturas, con mucha mayor rotación, que hacer unos años atrás.
Ahora bien, el problema radica en que el material, si bien tiene muchos factores positivos como los que mencionamos, tiene también sus lados oscuros. La falta de plasticidad, la imposibilidad de lograr tonos variados, de intentar formas nuevas, la matriz rigurosa y ortogonal que deben seguir los procesos productivos, las rígidas dimensiones y espesores, hacen que los productos se empiecen a parecer bastante entre sí. Las diferencias son sutiles, los cambios apenas se notan de un producto a otro. Esto se da más allá de la copia, es simplemente porque la metodología (pasos a seguir para la materialización de una idea) de diseño está dada por la rigidez del material y la tecnología disponible (imposible pensar productos con estos materiales realizados a mano, al menos a escala industrial). Los umbrales de innovación son muy bajos, las novedades están relacionadas con el propio material o los herrajes que con el producto como una totalidad.
A los diseñadores en este caso, al menos desde este papel [engranajes de una compleja trama productiva donde deben responder a una demanda determinada del cliente] no les corresponde hacer juicios de valor respecto de tal o cual situación socio-económico, como en todo caso sí deberían hacerlo las instituciones intermedias, las asociaciones, las facultades, universidades y cámaras, a los fines de mantener la equidad entre productores grandes y pequeños; la mano de obra ocupada; y a su vez evitar que se pierdan conocimientos y modos de producción local.

Producir… No especular

Como conclusión podemos decir que a las empresas se las obliga permanentemente a jugar el doble rol de productor y actor especulativo de la economía, y si bien hemos escuchado hasta el cansancio de lo cíclico de la economía (con sus crisis, obviamente como pináculo), las empresas y los productores saben hacer una cosa: producir muebles y no especular.
El problema radica en que, quizás quienes manejan los hilos de las marionetas del mercado, no sabemos muy bien qué saben hacer.

Podemos cerrar como iniciamos con otra frase de Keynes: “Al mismo tiempo que mejora la organización de los mercados de inversión, aumentan, sin embargo, los riesgos del predominio de la especulación. Los especuladores podrían no resultar perjudiciales si fueran como burbujas dentro de una corriente empresarial estable; lo grave se produce cuando es la empresa la que se convierte en una burbuja en medio del desorden especulativo”.

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